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San Antonio, una loma añeja rodeada de Cali

 

Es el barrio de San Antonio, uno de los epicentros gastronómicos de la ciudad, ese conglomerado urbanístico presente desde el siglo XVIII, dibujado sobre lomas, con carácter descomplicado, evocador, que irradia caleñidad como ningún otro y, que esconde en sus calles rincones preciosos, de casonas antiguas, tatuadas de graffitis con sentido, o cubiertas por plantas que trepan sobre sus muros y solo dejan libre sus ventanas coloniales. Con una vista que envidiaría cualquier penthouse de la ciudad y, que se tiene tan solo levantando la mirada desde sus andenes, el viento de la tarde que silva agitando los árboles que se yerguen en la plaza desde hace décadas y el atardecer que caprichoso, pinta toda la escena de naranja pasadas las cinco.



¿Quieren un plan de domingo? los invitamos a patonear en la tarde con sus viejos por los andenes Sanantoñinos, empujados por la brisa, transportados en el tiempo, en la Cali glamurosa de hace 40 años, mientras ellos les cuentan historias de lo que fue y debería ser y ven como las personas que allí habitan, viven el barrio y recrean situaciones como narradas por Andrés Caicedo, con casas de puertas abiertas con amplios zaguanes y a veces olvidarán que están en Cali (o tal vez recuerden que eso era y debería seguir siendo Cali).
 

No estamos descubriendo nada nuevo, es el barrio insignia de la ciudad y ya casi todos lo saben, porque para un foráneo, no es novedad pasear en Chipichape o Jardín Plaza y, la verdad, ya no se disfruta caminar una tarde por la calle 5ta o la avenida 6ta... Pero si van por San Antonio, encontrarán el mayor número de extranjeros por metro cuadrado, por que si viajan a otro país, no van a buscar El Limonar, La Flora, El Lido o El Refugio... Van a buscar el alma del lugar, van a San Antonio.
 

Esta nueva ola del regreso a San Antonio, esperamos traiga consigo prosperidad al barrio, pero sin corromperlo, viciarlo e incluso violarlo. No es solo conservar fachadas y árboles (que se debe hacer), es conservar esencias. Aplaudimos la apertura de restaurantes con muy buenas propuestas que encontraron un sitio en antiguas casonas, de forma armónica  y, los múltiples localcitos de artesanías, comida orgánica, antigüedades y similares, satisfaciendo la demanda de la moda vintage.
 
 
Pero fervientemente esperamos que la gentrificación (anglicismo de Gentrification, sobre el desplazamiento de la población original del sector y transformación del mismo, por otra de mayor poder adquisitivo) no olvide las tradiciones y espíritu bohemio del lugar, porque hay cosas que pueden mejorarse pero no deben cambiarse, que no es lo mismo zamparse una Marranita con Champús, que degustar una esfera de Musácea sofrita rellena de torreznos crocantes y acompañada de un coctel de miel de chancaca, maíz orgánico y puré de lulo especiado... porque deja de saber a lo mismo, pierde su esencia queriendo ocultar su identidad, para intentar ennoblecer algo de por si ya grato.
 

Que no sea Cali quien fije su vista de nuevo en San Antonio, que sea el barrio viejo, quien pose sus sabios ojos sobre el resto de la ciudad, redirigiendo sus pasos enseñándonos a mejorar continuamente sin olvidar nuestra identidad, a madurar con orgullo.



Fotos by D.E y Los Comidistas
 

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