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DOMINGO Mercado de Vereda, un vistazo al pasado que nos marca el camino.


Dejemos algo en claro, los pueblos y ciudades más desarrollados en el mundo, no se miden por el número de automóviles, ni por la altura de los rascacielos o la cantidad de personas que se aglutinan en sus calles, no, los colectivos más avanzados son los que han aprendido a convivir mejor, en armonía, ellos han logrado diseñar una ciudad hecha para el ciudadano, donde la productividad y el disfrute, el modernismo y la tradición, van de la mano,  enriqueciendo su arsenal cultural e impulsando el progreso responsable y procurando la felicidad de sus habitantes, que es para lo que estamos en este mundo.


 Dejemos a un lado las tendencias, un producto no es mejor por etiquetarlo como orgánico o artesanal, no es una moda o simplemente un nombre. Un producto orgánico va más allá de su etiqueta, es un tomate que se liberó de baños diarios de químicos, hormonas y abonos artificiales, que es más pequeño que su primo de supermercado y quizá menos guapo, pero que cuando le pegas un mordisco abres los ojos como platos, porque realmente sabe a tomate. Así también, cuando vemos un pan artesanal, de caparazón grueso y curtido, lo agarramos y notamos que pesa como un ladrillo y tras partirlo, el aroma de masa madre embriaga el ambiente y con el primer mordisco nos damos cuenta de la complejidad y disfrute que puede proporcionar una simple rebanada de pan.


El tamaño de la ciudades, el ajetreo del trabajo y el handicap del subdesarrollo, nos hacen olvidar las bondades e inigualable calidad de los productos artesanales elaborados con cabeza y corazón, pero la fortuna divina ha logrado que abramos los ojos y empecemos a ver las cosas buenas que se han estado haciendo por años, sobre las que podemos edificar nuestro futuro. Los Comidistas hemos tenido la fortuna de asistir a uno de los gestos que inician este movimiento, DOMINGO Mercado de Vereda.


En una casona Sanantoñina (bendito barrio donde mora el espíritu de la caleñidad), se asentó este evento que promete acogernos todos los fines de semana de Julio y Agosto (y rogamos que se extienda aún más), en el que se reúnen granjeros, productores y artesanos de alimentos, quienes traen desde sus campos, hornos y talleres, numerosos productos de altísima calidad con un precio justo y como si no fuese suficiente, sus organizadoras, las chefs Martha Izquierdo y Catalina Vélez, nos ofrecen brunch, comidas y picoteos hechos en una cocina montada en el sitio, con todos esos fantásticos productos que exhiben en el lugar y elevan la calidad de los platos.


Nuestra visita fue una gran experiencia, un evento apenas eclosionando, pero que desencadenará una nueva ola. Dentro de esta casona en proceso de remodelación, adornada de orquídeas y anturios, los puestos están  dispuestos circundando las paredes que forman el zaguán, un espacio pequeño pero lleno de sorpresas, quesos de diversos tipos, cereales y granolas, panes artesanos, frutas, verduras, brotes y zetas, mermeladas, conservas, salsas, licores, delantales, además de una cocina con platos sencillos pero contundentes, donde se busca dar el protagonismo al carácter de sus ingredientes.
 

Tenemos la oportunidad de vivir en primera persona el desarrolla cultural gastronómico de la ciudad, en un espacio donde se conectan directamente  los productores con los consumidores, permitiéndonos  enamorarnos de las bondades de sus productos y de la historia de vida de sus autores, para poder disfrutar de la comida con los 5 sentidos y aprender a darle valor a la calidad, porque nuestro amigo campirano, el tomate orgánico, no es igual a su presuntuoso pero insulso, primo industrial.
 

En esta reseña no hace falta que describamos cada producto, ni dar nuestra opinión de cada plato, solo les ofrecemos un abrebocas fotográfico e intentamos explicar la importancia de pequeños grandes pasos como este, en el que nos recuerdan el valor de las cosas hechas con calidad y corazón.


Los invitamos a visitar el evento (sábados y domingos de Julio, en la Cra 10 #3-10, B/San Antonio), darse un pequeño homenaje consumiendo productos sanos y de gran calidad y entender que retroceder hacia nuestras raíces, nos hace avanzar.



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