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El “Follie Bergere”, el primer gran restaurante del Cali viejo.


Fue por allá iniciando la década de los años 10, cuando a Don Pablo Emilio Sierra Baena conocido como el “Mono” Sierra, se le ocurrió abrir un cenadero en las afueras de la ciudad y bautizarlo con el Parisino nombre de “Follie Bergere”, en elegante imitación del famosísimo y encopetado restaurante Francés muy de moda en esa época. Ubicado un poco más adelante del hoy emblemático Gato de Tejada, en el sector del Barrio Normandía, el Folí, como se le conoció popularmente, fue un lugar de “alto coturno”, en donde se saboreaban los mejores platos y las personas adineradas y de la élite Caleña se daban el gusto de pasar horas inolvidables, que después, con orgullo comentaban entre sus amistades.

Duró varios años, ya que en 1935 todavía se daban allí grandes fiestas y reuniones de alta categoría social. Decir que se había almorzado o cenado en el Folí daba cierto prestigio al comensal, por la gran reputación del sitio.

Pese a su alto nivel, el restaurante tenía unos precios muy razonables y fama de excelente atención; en un ambiente campestre situado a la orilla del río Cali, en una hermosa vega, hoy ocupada por la espléndida mansión del recientemente fallecido Don Antonio Obeso de Mendiola, tenía un gran comedor y algunos quioscos pajizos en la parte de atrás, un gallinero muy bien surtido y gran variedad de animales de todas la especies lo cual hizo que mucho gente en forma jocosa se refiriera a él como el Arca de Noé.

Y aunque sé que mucho de ustedes deben estar imaginado que se servían grandes delicias de la comida internacional y Francesa, déjenme decirles que su carta de platos y viandas era más criolla que la misma empanada o la arepa.

En la cocina, Doña María de Jesús Montaño Villarejo, esposa del “mono” preparaba los apetitosos piquetes que constaban de: Una taza de caldo “peligroso” con menudencia de gallina, un trozo de sobrebarriga acompañado de papas chorreadas, adornado con lechuga y tomate, un cuarto de gallina o pollo con arroz blanco, todo ello acompañado con ají de “cura” (aguacate) o ají de huevo.

Las mesas iban lujosamente adornadas con jarritas llenas de claveles y el precio de tan abundante comida era de dos pesos con cincuenta centavos ($2,50).

En las noches era usual que se bailara y se llegaron a presentar hasta tres orquestas en una sola jornada, lo que hacía que las veladas se prolongaran hasta el amanecer.

El Folí era atendido por muchos empleados de entera confianza, pues en esa época la servidumbre se criaba con los patrones y se entregaban a sus labores como si fuera suyo el negocio. Como el caso de Jorge Enrique Arango que llegó a trabajar al Folí a la edad de 9 años y quien duro con la hija de la familia Sierra Montaño hasta la edad de 84 años cuando falleció en 1988.

Río Cali en la curva del Charco de "El Burro".  Foto tomada por el maestro Alberto Lenis Burckhardt.

En el mismo restaurante Folí vivían los dueños, pues tenían anexa la casa familiar y la de la servidumbre, los cuales se mezclaban amablemente en sus días libres para disfrutar los encantos del famoso y refrescante Charco del Burro en el río Cali que les quedaba en la parte de atrás a solo una corta distancia del restaurante.

Ya en 1938 el restaurante cerro definitivamente, por causas que hasta el momento desconozco, pero que supongo que la presión inmobiliaria y los avances tecnológicos, hicieron mella en este maravilloso sitio donde los habitantes de “meñique erguido” del viejo Cali, pasaron horas inolvidables.

FUENTE: Crónica escrita y adaptada por LuisFer Martínez para Los Comidistas, basado en el relato de la señora Virgelina Sierra.

LuisFer Martínez, es un estudioso de la historia de Cali y su sabores. 

"Cocinero por pasión y escritor por ocasión".

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