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La Guacharaca Café (4,5)

 

Carrera 6 # 7-12, Barrio La Merced, Cali.

“De cómo una Guacharaca se enamoró de un gorrino”.


LC.

 
 

PRECIO: plato fuerte por persona entre $27.000 - $55.000 (IVA no incluido),

La Ortalis Columbiana, Guacharaca o Chachalaca es un ave endémica de nuestro país, galliforme, de buen tamaño (50-55cm), de dorso pardo cenizo, vientre castaño con escamado blanco en el cuello y pecho, patas rosadas y una larga cola. Generalmente se desplaza en pareja o grupo familiar para alimentarse de frutos y esparcir sus semillas. Su canto ronco atraviesa el bosque, con ese sonsonete característico que parece estar diciendo su nombre.

Los Comidistas visitamos este restaurante que adoptó el nombre de esta carismática ave como  emblema. Pero, es curioso que este pájaro de los bosques andinos, decidiese anidar en una casona en el centro de la ciudad y más curioso aún que al visitarla sus alas nos llevaran hasta la madre patria.


Todo empezó con un par de amigos con ganas, con estudios y experiencia en restauración, una buena idea y la casa de la abuela Bertha. Así, el chef caleño Pablo Ravassa junto con su amigo, el chef catalán Luis Domínguez, decidieron dejar España con destino Cali y adecuaron una casa céntrica caleña para hacer tangible la idea de traer los sabores ibéricos a nuestra ciudad. La filosofía es sencilla, pero su consecución requiere esfuerzo y preparación; elaborar muy buena cocina mediterránea utilizando productos locales frescos y ofrecerla en un ambiente acogedor en un lugar poco habitual, como es una casona republicana del centro de Cali, a pocos metros del Teatro Municipal. La apuesta está funcionando bien.

Tras una puerta cerrada y un estrecho corredor, que nos recuerda que estamos en una vivienda de época, entramos a un patio interior de paredes altas, fresco e iluminado y contiguo un salón amplio con techo de diseño. Todo con mobiliario sencillo, decoración rústica-minimalista, que deja el protagonismo a la casona, la luz y el espacio.


La carta, otro punto a favor. Un pequeño librito, de estilismo simple pero armonioso, muy sencillo de leer, con opciones justas en número, donde nos proponen de manera muy clara y organizada platos, tanto ibéricas como fusión de cocina vallecaucana. A grandes rasgos, platos muy bien elaborados, sin más pretensiones que satisfacer al cliente con su muy buena calidad, producto de buenos ingredientes y una preparación concienzuda (Ver en detalle en ¿QUÉ PIDO?).

En conclusión, una grata sorpresa gastronómica en nuestra ciudad. Con una ubicación poco convencional, que le brinda a los vecinos de la zona una opción más refinada que los restaurantes circundantes. Una estética muy agradable, con una bella readaptación de la morada en restaurante. Una carta muy pensada y bien estructurada, en el diseño como en la oferta alimentaria. Muy buena cocina, con platos muy bien logrados, con preparaciones sencillas elaboradas con esmero. El cochinillo, mención de honor, es una deliciosa manera de pecar. Sin duda vale la pena visitarlo.


¿QUÉ PIDO?:

- Crema de Calabaza y Chontaduro:


Entrada donde el pico de gallo con aguacate y la Sour cream son bañados por una crema de calabaza y chontaduro suave, con textura aterciopelada, delicado aroma y muy balanceada, que gana cuerpo y complejidad con el ácido de la crema agria y su sabor lácteo y mantiene nuestro interés con la textura de la crujiente carantanta, la frescura que ofrece cada trocito de tomate y el embrujo del aguacate.

- Chorizo picante con pan artesano y pimentones escalibados:


Un plato de la madre patria pero con un guiño a nuestro mestizaje. Chorizo fresco asado, muy aromático y especiado, con correcta proporción magro-grasa, con alma ibérica pero que nos recuerda a nuestra longaniza, con un toque picante. Acompañado de pimientos escalibados, que son julianas de pimentón maduro asados, “desollados” y lustrados con aceite, una preparación sencilla, muy española, grandiosa para acompañar las carnes, por la textura casi gelatinosa, y el aroma y sabor robusto con notas florales de los pimentones maduros besados por las brasas.

- Cochinillo Confitado:


Palmas de pie. Plato insignia de la cocina hispana, que han logrado ejecutar con tal calidad que los transportará a Castilla y León, a la vera del bellísimo acueducto de Segovia. Un hermoso corte de cerdo al horno, con la piel dorada, crocante, pecaminosa, que se olvidó de su origen epidérmico y se trasformó en una lamina de caramelo porcino. Bajo ella, carne suave y muy jugosa, con sabor a cerdo tierno, lo que evidencia la correctísima selección del semoviente y el estricto cuidado en su cocción. Esparcido por el plato, pero no menos importante, una salsa de la reducción de sus jugos, con sabor más potente que condensa el espíritu del gorrino, aromas a humo y romero, que al juntarse con la delicada carne, nos cautivan. Además sobre el plato, una pinta de jalea de guayaba, coqueta y maquiavélicamente invitada, que aporta dulzor y frugalidad. Junto a todo, papitas amarillas fritas apiladas, esperando su turno para asegurarnos de no dejar mancha en el plato y barrer con la salsa. Grandioso plato.
 

PROS:

- Un bello lugar en el centro de la ciudad.

- Platos muy bien elaborados, con conocimiento, amor y horas de trabajo.

- Un Chochinillo fantástico.

A MEJORAR:

- Muy poco que criticar. A pesar que la crema de calabaza y chontaduro es muy apetecible, se hecha en falta la mayor presencia del fruto de la palma.


    

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